Hoy, te echo de menos más de la cuenta.
Hoy todo a mi alrededor está impregnado por el sonido de tu risa, por los recuerdos, que pasan por mis ojos a cámara lenta, donde tu sonrisa sigue siendo brillante y hermosa. Pasas delante de mí, tus ojos relucen más de lo normal, me preguntas qué me pasa, que por qué me quedo tan callada, que por qué me concentro en mirarte de esa manera. Tus mejillas se sonrojan y entonces, desapareces. Me despierto, confundida. No sé si es ahora cuando estoy en el mundo real o lo estaba hace unos minutos. Me cuesta trabajo admitir que estoy en el mundo donde se apagó tu luz, me jode saber que estoy en el mundo donde ya no voy a poder mirarte.
Me siento en la cama y miro a mi alrededor. Está amaneciendo. Me encanta ver el alba. Confieso que muchas noches de verano las paso haciendo cualquier cosa por tal de aguantar para ver cómo el cielo negro, lleno de estrellas, se torna gris y empieza a salir un halo de luz abriendo paso al sol y al cielo azul, todavía un poco apagado. Verlo me reconforta, es como si me estuvieras dando los buenos días, como si me quisieras decir que estás bien, conmigo. Con todos.
Me duermo, para olvidar qué día es hoy. Cierro los ojos y me encuentro en un camino lleno de flores blancas. De repente, éstas se van, las arrastra el río en el que me hallo ahora. Y entonces, el agua tira de mí. Cada vez se vuelve más salvaje, intento agarrarme a cualquier cosa, pero todo se me escurre de las manos. Me ahogo. Siento un dolor punzante en las costillas de la parte izquierda de mi cuerpo, que cada vez se va llenando de magulladuras más fuertes y dolorosas, pero ahora, no las siento. Me ahogo. A punto de perder el conocimiento, saco las fuerzas de donde no las hay y entonces, consigo agarrarme a algo. No soy capaz de ver qué es, pero me ha rajado los dedos y siento un escozor angustioso. El río se calma, consigo abrir los ojos poco a poco, a medida que voy recuperando la fuerza y la consciencia. Cuando por fin puedo abrirlos, hallo enfrente de mí un quitamiedos. Me desprendo de él, pues prefiero dejarme llevar por el agua indomable antes que dejarme amparar por él, cuando no lo hizo por ti.
Hoy no hay lágrimas; no se atreven a salir aun sabiendo que estoy rota por dentro. Y me queda la espera de que poco a poco el dolor amaine y de hacerme a la idea de que no estás, que te has ido.
Hoy hace un mes que se nos desgarró el alma.
Hoy, te echo de menos más de la cuenta.