Volumen

Cuando bajas el volumen del mundo, y subes el de tu cuerpo. Y escuchas todo de manera minuciosa, nítida y exacta.

Y escuchas tu corazón, desconcertada de que siga latiendo. Notas en cada palpitación, la sangre que sale de él, derramándose. Como las lágrimas por tus mejillas, limpiando y mitigando el dolor de tu pena.

Y escuchas tu respiración. Cómo entra y sale convertida en ce o dos. Y te sorprendes de que sea capaz de salir, o quizás huye de la muerte, pero te fascina que sea tan valiente de enfrentarse al mundo.

Mundo del que intentas evaporarte a toda costa.

Cuando bajas el volumen, ajena al dolor de otros, sumida entonces en el tuyo. Desgarrador, perverso, inútilmente arrogante.

Cuando bajas el volumen, y te centras en tu piel, queriendo salir de tu cuerpo, acompañado de cada beso que has depositado. Lleno de huellas, de heridas y de golpes. Lleno de vida, queriendo ser muerte.

Súbdita.

Cuando bajas. Y no quieres subir a la superficie.

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