canta

Desde que abandonaste este mundo,

las nanas lloran

y las cebollas cantan.

Desde que te fuiste, no se canta igual.

Tu vida fue olvidada en una cárcel

mental y física.

Tu muerte fue en una cárcel,

¿mental o física?

Tu muerte fue la de todos.

Las calles de Jaén aún lloran, se escuchan nanas.

Aquí posaste tus huellas.

Jaén te recuerda a ti, poeta.

Jaén recuerda que las cebollas cantaron desde marzo hasta junio de 1937, cuando estabas aquí.

Pero dejaron de cantar cuando dejaste de estar en todos lados, físicamente, en 1942.

Pero no mentalmente, con todos.

Ese canto fue, es y será un rayo que no cesa.

l’incertitude

¿Es la incertidumbre,

buena compañera de viaje? ¿De vida?

Ni yo misma sé qué viene después de estas palabras

que solo están siendo porque me he acordado

de ti.

La incertidumbre de que vivas o mueras,

de que el mundo sea un lugar más corrompido y podrido

sin tu mirada,

nuestro síndrome de Stendhal.

La incertidumbre de que te rindas o luches,

de que ames y odies.

De respirar, por voluntad propia.

De respirer, par une propre volonté.

¿Es incertidumbre realmente?

¿No es, acaso, el futuro cierto que intentamos evitar?

Es la espera angustiosa de no poder rozar tu piel,

la espera que mata y deja sin aire, hasta desfallecer.

Pero escribe mi delirio y

mi cuerpo que ha entrado en una metamorfosis kafkiana en la cual no sé

qué aspecto tengo ni

qué va a pasar cuando vean el aspecto

que tendré cuando abandone este sitio

voluntariamente, como tu respirar,

yendo de la mano de Iris a la incertidumbre de mi alma.

tibia

Cada palabra rodea tu cuerpo, convirtiéndose en poesía.

Lady Lazarus.

Cada sonido te envuelve; Sylvia Plath recitando sus poemas.

Su (no) vida.

Escuchas su voz mientras la imaginas preparando el desayuno: la taza y las tostadas.

Se dirige hacia la habitación.

Es la primera vez que los pasos se van guardando

conforme ella camina. Se quedan ahí.

Es la última vez que se dirige allí, donde duermen.

Es la última vez que recita sus poemas.

Lady Lazarus.

La cocina es un lugar seguro, es un lugar seguro, es un lugar seguro.

Estás cerca del abismo. De la muerte. Le dices adiós a la vida.

Y lo lamentarán quienes dijeron «Dear Miss Plath:»

Back, back, back to you.

Has dejado este mundo,

aún templada.

Te han sostenido en brazos,

aún templada.

Back, back, back to you.

Dancing, dancing. Lorelei.

Olías la muerte.

The child’s cry

el grito infantil

Melts in the wall.

se funde en la pared.

And I

y yo

Am the arrow,

soy la flecha,

The dew that flies,

el rocío que vuela

Suicidal, at one with the drive

la suicida, confundida con el impulso

Into the red

hacia el ojo

Eye, the cauldron of morning.

rojo: hacia el caldero de la mañana.

embarazo

Eres el resultado de un embarazo deseado, y yo la mujer más feliz del mundo.

Fuiste un parto en el que no me preocupó sufrir, aguanté el daño que me hacías cuando saliste de mi cuerpo. Todas las entrañas se ensanchaban y quería desfallecer, las rompías, no te importaba hacerme daño. A mí tampoco me importó lo más mínimo.

Y así vino tu bienvenida: triunfal, arrogante, victoriosa. Todo mi cuerpo estaba sometido a ti, todo mi cuerpo sigue sometido a ti

porque te amo más que a mí misma,

porque me das la vida cuando me creía morir.

Fuiste buscada, deseada, por eso te conservo y te guardo.

Cuando naciste, después de tantos años en mí, no me dejabas dormir.

Cuando naciste no fuiste como esperaban. Yo no sé qué se suponía que debían esperar de ti. Te dejaste llevar y ahora has hecho llorar.

¿De alegría? No lo creo, yo nunca he sido feliz. Nada que ha salido de mí puede serlo. Siento haberte condenado. Siento que no puedas escribir sobre la felicidad, sobre la vida (aunque, ¿acaso es algo alegre?), la pasión desenfrenada, y el amor.

Siento que tengas que escribir cómo me siento: muerta en vida.

Cada vez que la angustia se apodera de mí, acudes con la calma.

Me das la vida a través de las palabras, que pasan por un proceso de metamorfosis hasta llegar a lo más hondo y putrefacto de mi existencia.

 

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