¿Es la incertidumbre,
buena compañera de viaje? ¿De vida?
Ni yo misma sé qué viene después de estas palabras
que solo están siendo porque me he acordado
de ti.
La incertidumbre de que vivas o mueras,
de que el mundo sea un lugar más corrompido y podrido
sin tu mirada,
nuestro síndrome de Stendhal.
La incertidumbre de que te rindas o luches,
de que ames y odies.
De respirar, por voluntad propia.
De respirer, par une propre volonté.
¿Es incertidumbre realmente?
¿No es, acaso, el futuro cierto que intentamos evitar?
Es la espera angustiosa de no poder rozar tu piel,
la espera que mata y deja sin aire, hasta desfallecer.
Pero escribe mi delirio y
mi cuerpo que ha entrado en una metamorfosis kafkiana en la cual no sé
qué aspecto tengo ni
qué va a pasar cuando vean el aspecto
que tendré cuando abandone este sitio
voluntariamente, como tu respirar,
yendo de la mano de Iris a la incertidumbre de mi alma.