Cuando se aprende a vivir escribir con dolor,
no se deja cabida para la felicidad
entre las horas palabras que dan sentido
a la soledad.
Cuando soy feliz no escribo,
quizás porque no hay nada que superar,
nada por lo que derramar lágrimas
llenas de dolor y de ausencia.
Quizás no tengo la necesidad de escribir
cuando estoy feliz
porque no me siento muerta en vida,
por eso, siempre escribo.
