ágúst

el gozo propio, el egoísmo y la voracidad,

tu impunidad y tu rostro desconocido para mí

hacen que estés caminando libre,

pero con cadenas que aprietan tu cuello

con todos los recuerdos donde

te hacías el sordo con mis gritos,

el ciego con mis ojos

y un monstruo tratando mi cuerpo

como si el sentido del tacto hubiera desaparecido

de tu naturaleza ambiciosa

y el deseo de recuperarlo fuera más vital

que mi propia vida;

y tengo que sacrificarla para que tu deleite

tenga lugar en un cuerpo que vacías de existencia;

y me dejas rota, donde ni las lágrimas se atreven a salir

para no hacer el menor ruido

que nunca ha servido para nada.

Y todo queda impasible e indiferente,

como la muerte temprana.

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