aliñabas las aceitunas
mientras el mar se sostenía en tus ojos
y la piel curtida con la nieve suiza
con la dureza propia del viento
azotando cada rincón de tu rostro
pero ya no estás
aliñabas las aceitunas
mientras el mar se sostenía en tus ojos
y la piel curtida con la nieve suiza
con la dureza propia del viento
azotando cada rincón de tu rostro
pero ya no estás