Headache

Es la melodía

que escucharás el resto de tu vida

cuando tu cuerpo esté liberado

de todo el peso

el cuerpo lleno de huellas

que no duelen

de venas

que no duelen

la melodía que escucharemos

en la playa

viendo cómo se suicida el día a través del atardecer

ahogándose

y cómo el cielo se convierte en muerte

para dar lugar a la luna.

Escucharemos la canción

cuando a tu cuerpo no le duela

cada gota de lluvia

que muere al contacto con tu piel

nos iremos a la playa

donde todo estará inundado

de color amarillo

pero esta vez será distinto, porque sabré

que ese color no te hará daño. Nunca más.

y queda la espera de volver a escuchar esa canción

que un día me hizo creer que te recuperarás

y nos miraremos mientras el día se suicida

queriendo ser vida

como nosotras.

labyrinthine

Pero aún hay dolor en todo mi cuerpo.

Ya no escribo con tanta frecuencia.

Cuando el cuerpo está inundado de dolor y desemboca por todos lados,

se recoge escribiendo.

Pero aún hay dolor en todo mi cuerpo.

El permanente, el que está instaurado en cada hueso, vena, corazón.

El dolor que he recogido

se ha interiorizado tanto

que ya es normal sentirme

muerta en vida.

 

No escribo tan a menudo, pero todavía sufro.

En silencio.

Y lloro.

En silencio.

Y amo.

En silencio.

Palabras de un viernes que aún resuenan.

lighthouse

Quiero que mi muerte carezca de peso,

que sea tan

bella y horrorosa

que no signifique                                                                                                       nada.

Quiero que mi vida desaparezca cuando se asome el crepúsculo

y mi cuerpo deje de moverse.

Quiero que mi muerte no sea condenada

y que el peso de las conciencias

adelgace hasta el punto de mantenerme

fuera de cualquier memoria.

azulcálido

El nudo en la garganta se ha paralizado en seco.  Se trata de una muerte súbita.

El llanto ha fallecido debido a la carga tan grande que ha soportado este mes donde todo ha quedado impregnado

de color amarillo.

Es irónico que al color azul se le haya asignado la propiedad de ser cálido, pero es más mordaz y sarcástico que un cuerpo lleno de vida esté condenado a una prisión amarilla.

Y aquí la pregunta es: ¿qué cualidad habría que ponerle a la muerte?

canta

Desde que abandonaste este mundo,

las nanas lloran

y las cebollas cantan.

Desde que te fuiste, no se canta igual.

Tu vida fue olvidada en una cárcel

mental y física.

Tu muerte fue en una cárcel,

¿mental o física?

Tu muerte fue la de todos.

Las calles de Jaén aún lloran, se escuchan nanas.

Aquí posaste tus huellas.

Jaén te recuerda a ti, poeta.

Jaén recuerda que las cebollas cantaron desde marzo hasta junio de 1937, cuando estabas aquí.

Pero dejaron de cantar cuando dejaste de estar en todos lados, físicamente, en 1942.

Pero no mentalmente, con todos.

Ese canto fue, es y será un rayo que no cesa.

l’incertitude

¿Es la incertidumbre,

buena compañera de viaje? ¿De vida?

Ni yo misma sé qué viene después de estas palabras

que solo están siendo porque me he acordado

de ti.

La incertidumbre de que vivas o mueras,

de que el mundo sea un lugar más corrompido y podrido

sin tu mirada,

nuestro síndrome de Stendhal.

La incertidumbre de que te rindas o luches,

de que ames y odies.

De respirar, por voluntad propia.

De respirer, par une propre volonté.

¿Es incertidumbre realmente?

¿No es, acaso, el futuro cierto que intentamos evitar?

Es la espera angustiosa de no poder rozar tu piel,

la espera que mata y deja sin aire, hasta desfallecer.

Pero escribe mi delirio y

mi cuerpo que ha entrado en una metamorfosis kafkiana en la cual no sé

qué aspecto tengo ni

qué va a pasar cuando vean el aspecto

que tendré cuando abandone este sitio

voluntariamente, como tu respirar,

yendo de la mano de Iris a la incertidumbre de mi alma.

tibia

Cada palabra rodea tu cuerpo, convirtiéndose en poesía.

Lady Lazarus.

Cada sonido te envuelve; Sylvia Plath recitando sus poemas.

Su (no) vida.

Escuchas su voz mientras la imaginas preparando el desayuno: la taza y las tostadas.

Se dirige hacia la habitación.

Es la primera vez que los pasos se van guardando

conforme ella camina. Se quedan ahí.

Es la última vez que se dirige allí, donde duermen.

Es la última vez que recita sus poemas.

Lady Lazarus.

La cocina es un lugar seguro, es un lugar seguro, es un lugar seguro.

Estás cerca del abismo. De la muerte. Le dices adiós a la vida.

Y lo lamentarán quienes dijeron «Dear Miss Plath:»

Back, back, back to you.

Has dejado este mundo,

aún templada.

Te han sostenido en brazos,

aún templada.

Back, back, back to you.

Dancing, dancing. Lorelei.

Olías la muerte.

The child’s cry

el grito infantil

Melts in the wall.

se funde en la pared.

And I

y yo

Am the arrow,

soy la flecha,

The dew that flies,

el rocío que vuela

Suicidal, at one with the drive

la suicida, confundida con el impulso

Into the red

hacia el ojo

Eye, the cauldron of morning.

rojo: hacia el caldero de la mañana.

embarazo

Eres el resultado de un embarazo deseado, y yo la mujer más feliz del mundo.

Fuiste un parto en el que no me preocupó sufrir, aguanté el daño que me hacías cuando saliste de mi cuerpo. Todas las entrañas se ensanchaban y quería desfallecer, las rompías, no te importaba hacerme daño. A mí tampoco me importó lo más mínimo.

Y así vino tu bienvenida: triunfal, arrogante, victoriosa. Todo mi cuerpo estaba sometido a ti, todo mi cuerpo sigue sometido a ti

porque te amo más que a mí misma,

porque me das la vida cuando me creía morir.

Fuiste buscada, deseada, por eso te conservo y te guardo.

Cuando naciste, después de tantos años en mí, no me dejabas dormir.

Cuando naciste no fuiste como esperaban. Yo no sé qué se suponía que debían esperar de ti. Te dejaste llevar y ahora has hecho llorar.

¿De alegría? No lo creo, yo nunca he sido feliz. Nada que ha salido de mí puede serlo. Siento haberte condenado. Siento que no puedas escribir sobre la felicidad, sobre la vida (aunque, ¿acaso es algo alegre?), la pasión desenfrenada, y el amor.

Siento que tengas que escribir cómo me siento: muerta en vida.

Cada vez que la angustia se apodera de mí, acudes con la calma.

Me das la vida a través de las palabras, que pasan por un proceso de metamorfosis hasta llegar a lo más hondo y putrefacto de mi existencia.

 

el dolor

No queda ni un rastro en el sitio donde has querido. Tampoco queda en el otro donde ha sido abandonado o se ha muerto.

Estás en un lugar que quieres dejar, pero donde amas y deseas que desaparezca.

Cuando dos sitios diferentes te producen sensaciones paralelas, ¿qué te queda? En uno la incertidumbre de volver y en otro la espera de que se fulmine su existencia.

Como el dolor instaurado que tarda en irse y solo queda la espera(nza).

Estás. ¿Dueles?

El sitio donde estás duele.

La vena por donde pasa tu sangre escuece y duele.

El hastío duele.

No estar duele.

Vivir duele. No vivir duele.

Morir duele.

La tinta calma.

Volumen

Cuando bajas el volumen del mundo, y subes el de tu cuerpo. Y escuchas todo de manera minuciosa, nítida y exacta.

Y escuchas tu corazón, desconcertada de que siga latiendo. Notas en cada palpitación, la sangre que sale de él, derramándose. Como las lágrimas por tus mejillas, limpiando y mitigando el dolor de tu pena.

Y escuchas tu respiración. Cómo entra y sale convertida en ce o dos. Y te sorprendes de que sea capaz de salir, o quizás huye de la muerte, pero te fascina que sea tan valiente de enfrentarse al mundo.

Mundo del que intentas evaporarte a toda costa.

Cuando bajas el volumen, ajena al dolor de otros, sumida entonces en el tuyo. Desgarrador, perverso, inútilmente arrogante.

Cuando bajas el volumen, y te centras en tu piel, queriendo salir de tu cuerpo, acompañado de cada beso que has depositado. Lleno de huellas, de heridas y de golpes. Lleno de vida, queriendo ser muerte.

Súbdita.

Cuando bajas. Y no quieres subir a la superficie.

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