Finales y cosas.

Te encuentras en la recta final de un camino en el que ha habido de todo menos rosas. Esta etapa tiene, por suerte, fecha y hora: jueves 16 de junio de 2016 a las 18:00h. Se cierra aquí y me llevo mucho, pero sobre todo, me llevo a mí misma.
Nueve meses descubriéndome. Ha sido como un parto, pero sin dolor. Con llantos. Descubriendo a una persona que creía perdida para siempre.
He pensado en toda mi vida que nunca sería capaz de ver mi existencia como algo bueno; sigo sin verlo, pero hay días que encuentras sentido a las cosas, que no a las personas.
He abrazado a la literatura y ella me ha correspondido, sabiendo que me podría fallar en cualquier momento. Aún no ha pasado.
He tenido conversaciones con Kafka sobre la humanidad, sobre la absurda existencia de ésta. He mantenido diálogos profundos con Simone de Beauvoir con el objetivo de responder a la siguiente pregunta: «¿qué es, para nosotras, ser mujer?» y he escrito un ensayo en forma de cuerpo, pidiendo a gritos que lo leyera el tuyo y así los dos se unirán para crear la literatura del ayer, del hoy y del mañana.
No nos darán un premio Nobel, aunque hoy en día se lo den a cualquiera, ¿verdad, Patrick Modiano y tu café de la juventud perdida? Y tanto que perdida.
He compartido ideas con Patricia Highsmith intentando, en vano, la recuperación de la identidad por uno mismo. Horas y horas comparando con Antonio Muñoz Molina la belleza de su Granada y mi pequeño corazón encogido por el impacto de Barcelona. Me hablaba de Lisboa y del jazz mientras yo le insistía sobre Madrid y el post-rock.
Con él nos situamos en el invierno de Portugal donde he compartido con José Saramago la ceguera y la lucidez, la destrucción y el voto en blanco. Un semáforo en rojo inundado por la brillante estupidez humana.
He estado escribiendo a escondidas cartas con Winston Smith sobre el Hermano Mayor; pero me abandonó y se dio a la fuga con él.
Me hablaba Ken Kesey (que nunca sabré realmente bajo qué efecto, si era él o un chiflado pelirrojo) y se fue con un indio que habló por primera vez.
Y cuando he querido trasladarme por unos instantes a Castilla, he llamado a Antonio Machado. Nunca nos hablaba por nuestro nombre, comentaba a una tal Leonor.
Historias por descubrir y poco tiempo para ello.
Llaman a la puerta, me dicen que es un tal Robert Crumb. Os iré contando.

Ausencia.

Cuando llueve todo es calma, paz, tranquilidad.
Cuando llueve estás aquí, a mi lado.
Cuando llueve todo es gris, como tus pupilas,

gris como mis dedos,

gris como mi corazón en tu ausencia.
Hoy, el cielo se torna azul, no llueve fuera, pero en casa reside calma, paz, tranquilidad.
Son mis ojos los que llueven, las paredes las que se tornan grises y tu ausencia es eso que me mata y que llaman tristeza.
La poesía es gris,
la poesía está en ti, ha calado en tus huesos y no quiere irse.
La poesía posee música, es tu risa.
La poesía posee una mirada, que es la tuya.
Pero quien quiera saber realmente qué es la poesía, que me pregunten para poder describirte en un día gris.

Carta a Josep Bartolí, Frida Kahlo.

«Bartolí, anoche sentía como si muchas alas me acariciaran toda, como si en las yemas de tus dedos hubiera bocas que me besaran la piel.
Los átomos de mi cuerpo son los tuyos y vibran para querernos.
Quiero vivir y ser fuerte, para amarte con toda la ternura que tú mereces, para entregarte todo lo que de bueno hay en mí y que sientas que no estás solo.
Cerca o lejos, quiero que te sientas acompañado de mí, que vivas intensamente conmigo, pero sin que mi amor te estorbe para nada en tu trabajo ni en tus planes.
Que forme yo parte tan íntima en tu vida, que yo sea tu mismo, que si te cuido, nunca será exigiéndote nada, sino dejándote vivir libre, porque en todas tus acciones estará mi aprobación completa.
Te quiero como eres, me enamora tu voz, todo lo que dices, lo que haces, lo que proyectas. Siento que te quise siempre, desde que naciste, y antes, cuando te concibieron. Y a veces, siento que me naciste a mí.
Quisiera que todas las cosas y las gentes te cuidaran y te amaran, y estuvieran orgullosas como yo de tenerte. Eres tan fino y tan bueno que no mereces que te hiera la vida.
Te escribiría horas y horas, aprenderé historias para contarte, inventaré nuevas palabras para decirte en todas que te quiero como a nadie.»

Frida Kahlo, Mara, a Josep Bartolí. Nuestra primera tarde solos. 29 de agosto (de 1946).

Presa.

Escribe la decepción
acompañada de la poca
y casi esfumada ilusión
que queda en mi cuerpo.

Esta calma
que reside en lo más profundo de mí
se vuelve rebelde y cada vez
más tuya que mía.

La falta de ganas,
la ausencia de alma
y la desilusión que pasa
a través de mis pulmones
transformada en emociones
dispares y ridículas
como este poema
en el que escribo presa
a través de mi cuerpo
ausente.

Patri Heras

ABSOLUCIÓN

«He ahorcado a mi inocencia.

Su orgullo adolecido aún voraz no impide que se mee encima.

Su belleza efímera

expira con los últimos latidos suplicantes.

Perdida entre flujos corporales viscosos y detritos.

La he visto patalear rabiosa e indefensa hasta morir,

parecía más humana que yo,

en su rostro desfigurado leo un pánico sumiso y crudo

que me arde entre las piernas…

Le he cortado el cuello a mi ilusión,

la colgué de un semáforo ciego

y vi cómo se desangraba incrédula,

borboteando nerviosa,

vi el dolor brillar muy cerca,

se fue apagando velado tras su mísero destino.

Abro la caja y está vacía».

burial at sea

Destruida. Así me encuentro en este mar negro y profundo en el que mi ser se va desgastando. Mi alma poco a poco se vuelve más vulnerable y grita, grita de dolor, de desesperación y de una mezcla de rabia e indiferencia. Dos sentimientos tan opuestos… Pero es esto lo que siento. Por una parte la rabia de ver que el mundo no cambia y sigue su sendero ajeno a las personas y puesta en el interés. La rabia que llega a ahogarte y matarte de un suspiro. Un suspiro indiferente, porque así es la muerte, indiferente hacia tu persona y tus sentimientos. Llega y arrasa con todo, no le preocupa las consecuencias. Pero a quién realmente le preocupa todo esto si solo somos un conjunto de hormonas que intentan sentir.

La muerte llega a mí, me quiere atrapar, llevar con ella para siempre, y yo resisto sin saber por qué. Resisto a la muerte por miedo a morir, pero ¿qué es realmente morir? ¿Dejar la vida? Y quién sabe…

He esquivado la muerte y he conseguido sobrevivir a ella. Me observo a mí misma, contenta por el hecho de haberla esquivado, pero miro a mi alrededor y no veo la vida que quería, no veo mis objetivos cumplidos ni he logrado ser la persona que quería ser. Mis ojos derraman unas lágrimas que me pillan por sorpresa y no sé con qué razón ni sentimiento están siendo recorridas por mis mejillas. Mis piernas me fallan y hacen que me quede tendida en el suelo, desnuda de alma y vestida de cuerpo. Cuerpo intacto que poco a poco me va abandonando. Y me sumo al dolor, a la alegría, al llanto, a las ganas de sentir; pero no puedo, hay algo en mí que nunca ha funcionado, algo que se sale de lo normal, y es este mar negro y profundo en el que me voy desgastando, este mar localizado en lo más profundo de mi ser que me hace latir con angustia.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar