la escritura, para qué

Primitiva participas del rito de la palabra

como si fuera un juego

ceremonia de bacantes ebrias.

Cristina Peri Rossi (Diáspora, 1976)

¿Por qué escribes?

Escribo para suplir la urgencia de un poema que aún no está escrito.

Escribo para darle un orden a mis órdenes,

un lugar a las palabras que ya no están en mi cuerpo

y que acuden a mí desesperadas.

Escribo con la condición última de que no me duela la ausencia

aunque en mí se apodere la melancolía.

Escribo para escapar de los conceptos que surgen en cada esquina

de esta piel amortecida.

Escribo para sobrevivirme;

y asisto, ahora, a la urgencia de este poema

segura y convencida de que nada de lo expuesto

puedo demostrar.

leyendo a Alejandra Pizarnik

las páginas se han tornado de un color amarillento

se ha borrado el grano del papel de tanto leerlas

se ha intensificado el olor que envuelve a su conjunto

las páginas han tornado al proceso que le corresponde, sumidas en el tiempo que pasa y no vuelve

pero yo sigo estando igual de rota

con la soledad que obliga a los espacios

con la falsa alarma de las primeras horas del día cuando crees que todo va a ir bien

con la noche llena de dualismos

boca y alma

con la botella de vino vacía

y la angustia de no tener tu cuerpo, ese al que ajustarme esta madrugada

a snowflake

el lenguaje viene a mí

permanece en mi cuerpo

en donde pretendo constituir

cada célula lunar órgano sexo lágrimas

en conceptos sin razón ni uso de ser;

no pretendo acepciones

más allá de la muerte, mi muerte;

y de mi boca solo salen silencios

donde una vez hubo consuelo

al desgarro.

ágúst

el gozo propio, el egoísmo y la voracidad,

tu impunidad y tu rostro desconocido para mí

hacen que estés caminando libre,

pero con cadenas que aprietan tu cuello

con todos los recuerdos donde

te hacías el sordo con mis gritos,

el ciego con mis ojos

y un monstruo tratando mi cuerpo

como si el sentido del tacto hubiera desaparecido

de tu naturaleza ambiciosa

y el deseo de recuperarlo fuera más vital

que mi propia vida;

y tengo que sacrificarla para que tu deleite

tenga lugar en un cuerpo que vacías de existencia;

y me dejas rota, donde ni las lágrimas se atreven a salir

para no hacer el menor ruido

que nunca ha servido para nada.

Y todo queda impasible e indiferente,

como la muerte temprana.

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