la escritura, para qué

Primitiva participas del rito de la palabra

como si fuera un juego

ceremonia de bacantes ebrias.

Cristina Peri Rossi (Diáspora, 1976)

¿Por qué escribes?

Escribo para suplir la urgencia de un poema que aún no está escrito.

Escribo para darle un orden a mis órdenes,

un lugar a las palabras que ya no están en mi cuerpo

y que acuden a mí desesperadas.

Escribo con la condición última de que no me duela la ausencia

aunque en mí se apodere la melancolía.

Escribo para escapar de los conceptos que surgen en cada esquina

de esta piel amortecida.

Escribo para sobrevivirme;

y asisto, ahora, a la urgencia de este poema

segura y convencida de que nada de lo expuesto

puedo demostrar.

vers

«Ton jardin que la pluie massacre

vide quotidien

immensité du lit»

Jean Pache (1933)

Mis tinieblas tienen palabras

que conforman versos abstractos

en poemas inciertos y ambiguos

con forma de ritmo asonante

porque la consonancia es demasiado pura y cándida

para el contacto entre dos cuerpos análogos

que hacen el silencio del compás

en la medianoche.

reflexiones tras leer a Luna Miguel

en alguna parte de tu cuerpo, celebras la victoria

y nace

yo celebro que estoy viva, sobreviviéndome entre soledades

tu corazón ahora se parte en dos

yo busco la manera de poder continuar con la lectura de un poema del que no me siento identificada,

pero que necesito saberme cierta en sus palabras y concebir su pena con mi artificial angustia para entenderlo

tú naces y te comprometes a dar vida

yo mantengo la mía a salvo de mí misma,

y me otorgo el título de «mujer repetida de Eva» porque quiero burlar al cielo y al infierno,

sentirme mía, crecerme, vivirme y expulsarme del Paraíso

apuntes sobre la soledad

I

he escrito con muchas canciones que he dejado vacías de dolor y duelo porque he utilizado las palabras que usé para despedirme de ti

II

ahora no sé con qué conceptos sobrevivirme, pero he comprendido que despedirse no siempre conlleva el olvido ni augura un bienestar, solo espejismos

III

soy consciente de que las agujas del reloj no van hacia atrás, pero ojalá estuvieras aquí y las flores blancas no fueran un simbolismo entre mis letras y sus espacios en blanco

IV

la vida necesita de vacíos, necesita de espacios y distancias entre el cuerpo y la mente

leyendo a Alejandra Pizarnik

las páginas se han tornado de un color amarillento

se ha borrado el grano del papel de tanto leerlas

se ha intensificado el olor que envuelve a su conjunto

las páginas han tornado al proceso que le corresponde, sumidas en el tiempo que pasa y no vuelve

pero yo sigo estando igual de rota

con la soledad que obliga a los espacios

con la falsa alarma de las primeras horas del día cuando crees que todo va a ir bien

con la noche llena de dualismos

boca y alma

con la botella de vino vacía

y la angustia de no tener tu cuerpo, ese al que ajustarme esta madrugada

a snowflake

el lenguaje viene a mí

permanece en mi cuerpo

en donde pretendo constituir

cada célula lunar órgano sexo lágrimas

en conceptos sin razón ni uso de ser;

no pretendo acepciones

más allá de la muerte, mi muerte;

y de mi boca solo salen silencios

donde una vez hubo consuelo

al desgarro.

HIER

mis entrañas han partido hacia el exilio

y me siento extranjera de mi propio cuerpo;

mío, tan mío como tuyo, y suyo, y vuestro

mis ojos no tienen lágrimas para llorar

mis labios no quieren articular poemas escritos

desde el desgarro

mis manos mis dedos mis pupilas

los restos de los que vivieron

de los que partieron

que ya no están en este cuerpo sin sentido

sumido en el desfallecer

delirios quimeras anhelos ausencias

soledades amargas y descompuestas

solo hay muerte

sintiéndome extranjera de mi propio y vacío cuerpo

II

cómo voy a escribir un poema

si los únicos conceptos que aparecen por mi mente,

están siendo porque han visto tus ojos llorar

de dolor e impotencia

 

cómo voy a escribir un poema

si te escucho sollozar sabiendo que debo dejar el espacio

que une cuerpo y poesía

 

cómo voy a escribir

si no encuentro momento de paz

entre tus lágrimas, la indiferencia de casa

y el agotamiento de tener que soportar

cada rincón triste donde lloras

ágúst

el gozo propio, el egoísmo y la voracidad,

tu impunidad y tu rostro desconocido para mí

hacen que estés caminando libre,

pero con cadenas que aprietan tu cuello

con todos los recuerdos donde

te hacías el sordo con mis gritos,

el ciego con mis ojos

y un monstruo tratando mi cuerpo

como si el sentido del tacto hubiera desaparecido

de tu naturaleza ambiciosa

y el deseo de recuperarlo fuera más vital

que mi propia vida;

y tengo que sacrificarla para que tu deleite

tenga lugar en un cuerpo que vacías de existencia;

y me dejas rota, donde ni las lágrimas se atreven a salir

para no hacer el menor ruido

que nunca ha servido para nada.

Y todo queda impasible e indiferente,

como la muerte temprana.

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